¿Y si no tengo cuerpo para fiestas?. Las navidades no son siempre felices

cena-navidad¿Quién no ha tenido años en los que lo de “Felices Fiestas” parecía una broma de mal gusto? No disfrutar o no participar de las Navidades no es un delito. Es una opción, a veces una necesidad personal. Pero es cierto que si eres madre, esa opción se hace muy cuesta arriba y a veces nos acarrea  culpabilidad  e incomprensión por parte de amigos y conocidos.

A menudo esa falta de “espíritu navideño” está provocada por  una vivencia que emocionalmente nos ha desestabilizado (fallecimientos de seres queridos, enfermedades, problemas económicos,…), aunque siempre  hayamos sido una madre que ha sabido disfrutar de estas fechas. Y esto precisamente hace que desde fuera lo vivan aun con mas extrañeza, y nos exijan “ser la de siempre”. Nuestros hijos no saben de malos años, de crisis o de recuerdos tristes. Ellos  viven  las luces, las vacaciones, los dulces y por supuesto los regalos. Pero sobre todo, viven  la ilusión de unos días distintos, de un cambio de rutina. Y no entienden que nosotras no participemos de ello, ni tienen porque “sufrirlo”.

Dentro de esta maraña de emociones recuerda que tienes derecho a sentirte fuera de lugar entre luces y belenes. Tienes derecho a sentir ganas de correr en vez de cantar villancicos. Y tienes derecho a llorar más que nunca  a los que no están. Pero  también  hay  que, por un momento, pararse y  reflexionar: ¿Cuantas navidades vas a pasar con tu pequeño de 6 años? Una. ¿Cuantas fiestas vas a poder mantener la ilusión de los Reyes Magos? Tal vez pocas si ya empiezan a crecer. ¿Cuantas veces vas a pasar tu primera navidad con tu bebe recién nacido? Sólo esta.

La vida pasa muy deprisa, y las cosas no vuelven. Por supuesto  que quedan  muchas navidades para estar con nuestros pequeños, pero si no estamos atentas puede que algún día nos arrepintamos de lo que hemos dejado pasar. Vale, ¿Y entonces como lo  hago?

No se trata de fingir o de “sacrificarnos” por ellos y estar “happy”  todo el día, eso es inhumano. Simplemente busca el rato para compartir con ellos la ilusión de estos días, busca  que es lo que más  te resuene, la actividad más tranquila o más gustosa  para ti: decorar la casa, o ver una película navideña en la tele, por ejemplo. Porque además serán los mejores momentos para olvidar aquello que te llevo hasta aquí. Si hacemos  un esfuerzo por sacar la cabeza del agujero un rato, nos veremos ampliamente recompensadas por su sonrisa.

Pero más allá de eso, si  tus hijos tienen unos añitos, habla con ellos sobre lo que te preocupa y sobre el porqué estas navidades no son como a ti te gustaría que fueran.  Adecua tu vocabulario y lo que les cuentes a su edad, pero piensa que la sinceridad y la comunicación son un tesoro que debemos fomentar y cuidar desde que nuestros hijos están en el vientre.

 Ellos se dan cuenta, entienden y saben mucho más de lo que creemos. Si no les decimos que nos ocurre e insistimos en mandarles el mensaje de que estamos bien y no pasa nada, mientras que ellos observan lo contrario, lo único que conseguiremos es que sientan  que les engañamos, y  aprendan que las emociones no se comparten, sino que hay que callárselas. Ojo con esto, a veces por querer protegerles, les podemos estar  dando un ejemplo muy dañino. Buscad consejo en cómo  hablar con un niño sobre determinados temas delicados que os afecten personalmente para que, sin abrumarles o hacerles cómplices de problemas de adultos,  aprendamos a hablar de nuestros sentimientos y emociones con los pequeños. Es el mejor regalo para el 2013 y para el resto de su vida.

Por otro lado piensa que  todo llega y todo pasa. El tiempo curara esa herida, y las Navidades que vienen seguro que serán mejores y  volverás a ser tu misma.

Pasad todos unos días tranquilos y lo más feliz que podáis.

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