Como superar un mal parto

mujer llorandoEl parto es un momento crucial en la vida de cualquier ser humano, es el principio de la vida de cualquier persona, y según el refrán” lo que bien empieza, bien acaba”.  De ahí la importancia de prepararse, respetar, cuidar y venerar  ese momento, pero… ¿qué ocurre cuando las cosas no salen bien? Las huellas de un mal parto son inevitables tanto en la madre como en la criatura. Puede que sean  cicatrices físicas, o puede que solo sean emocionales, pero ahí estarán, queramos o no reconocerlo.

Y… ¿que es un mal parto? Si a veces es difícil definir el parto respetado, mucho mas es el considerado un “mal parto”, ya que según los criterios que sigamos (médicos, psicológicos, naturistas etc.…) se podrá ver de una manera u otra. Personalmente y siguiendo mi línea de trabajo, me baso en el criterio de la madre, es decir, que para mi será un “mal parto”, todo aquel que la madre lo viva o tenga un mal recuerdo del mismo. A veces ha implicado una asistencia médica violenta o traumática (fórceps, cesáreas de urgencia, riesgo vital para la madre o el bebe, etc.…), pero también puede ser vivido como traumático partos, que si bien trascurrieron de forma habitual, la madre los vivo desde la despersonalización, desde el abandono, desde la impotencia, incapacidad o frustración. Y por supuesto, aquellos que dejan cicatrices físicas importantes (daños en el suelo pélvico, desgarros, cicatrices grandes, histerectomía )

Cuando todo termina bien, sobre todo para el bebe, parece que ahí acabe el “trauma”. Finalmente todo pasa y tenemos a nuestro niño con nosotros, sano y salvo. Y aunque hayamos pasado un infierno, la gratitud de verle, hace que todo pase a un segundo plano. Pero a veces esto es solo momentáneo, y  esos recuerdos afloran a nosotras, especialmente si nos enfrentamos a nuevos embarazos.

Surgen entonces muchas emociones, desde el miedo a que se vuelva a repetir, sentimientos de incapacidad de hacerlo “bien”, necesidad de hablarlo, de sentirse comprendida, dudas, etc.… y a esto se le suma la incomprensión por parte de la mayoría de las personas, que te animan a olvidarlo o a no quejarte, porque al final “todo salió bien”.

Jamás olvidaremos ese día, haya sido bueno o malo, pero si su recuerdo duele, te recomiendo que:

–          Habla de ello con quien pueda entenderte: me repito, pero el sentirte comprendida y acompañada por quien ha pasado por una situación similar es de lo mas terapéutico que hay.

–          Nadie puede  juzgar tu experiencia personal: no importa lo que los demás opinen, no estamos hablando de si hay gente o situaciones peores. Uno siente lo que siente, y eso nadie puede juzgarlo ni valorarlo. Si tú lo viviste de forma traumática, nadie tiene que desvalorizarte ni restarle importancia a tu vivencia.

–          Borra la culpabilidad: ya no puedes cambiar ese día. El pasado es inamovible, así que estar machacándote con el “si hubiera dicho…” “si hubiera estado…”Jamás  sabrás si las cosas hubieran sido distintas de haber realizado algo de diferente manera, y aunque así fuera, ya no puedes cambiarlo. Aprende de esa experiencia, pero no te culpes.

–          Analiza que fallo, y busca que puedes tú hacer para intentar que no se repita de nuevo.

–          Si esa vivencia te dejo una huella emocional muy profunda, o te afecta a la hora de enfrentarte al siguiente embarazo o parto, busca ayuda profesional. No te lo guardes. No hagas como que no pasa nada. Eso no te ayudara en nada.

Las cosas no siempre ocurren como nos gustaría que pasaran, pero siempre podemos sacar una lectura positiva si realmente aprendemos la lección que venía encerrada en ella.