Desde Mi Reposo I Parte: En el hospital

Hoy inaguramos este espacio, donde abro mis puertas a vuestras experiencias y a vuestras necesidades. Y para mi es un placer hacerlo con una supermama, conocida como @conMdemadre, que en su tercer embarazo se ha encontrado con una situacion, mas o menos comun, pero no siempre bien entendida: el reposo absoluto. En esta entrada, podeis leer  la primera parte de su relato: su estancia hospitalaria y el enfrentarse a una durisima sentencia: tenia que abandonar la lactancia de su segundo hijo. Espero que os guste y os ayudde a aquellas que esteis viviendo uan situacion similar.

mujer hospitalizada” No sé muy bien por dónde empezar, son tantos los sentimientos encontrados, las ilusiones y desilusiones, las esperanzas y los miedos que es difícil ponerle palabras a esta situación que llevo viviendo en las últimas cinco semanas.

Este es mi tercer embarazo en menos de cuatro años, pero hasta entonces veo que había tenido dos embarazos muy buenos, a pesar de los clásicos síntomas pertinentes a cada trimestre (naúseas, ciática, cansancio…etc). Por este motivo, cuando empecé a sangrar tanto aquél 13 de marzo estaba convencida de que perdería al bebé que llevaba dentro. No era posible que siguiera vivo después de aquel espectáculo…pero claro, ¿qué se yo de medicina si soy una simple periodista a la que le da pavor la sangre?

Mi diagnóstico tras ingresar en el hospital fue una posible fisura en la bolsa. Fisura no quiere decir que estuviera rajada de cabo a rabo, lo explico porque yo, por entonces, tampoco sabía qué era exactamente. Una fisura es más bien un poro que se ha abierto por motivos que nunca se sabrán (por lo que no vale la pena culparse por nada) y por el que va saliendo más o menos líquido amniótico. Esto se ve si tienes un sangrado abundante y muy líquido, lo que pasa que entonces la sangre lo enmascara, así que es difícil determinar si es líquido amniótico o no, por lo que hay que hacer otra prueba que puede dar positivo o negativo, pero una vez más, la sangre puede confundir los resultados, de manera que te dicen que puede que tengas una fisura y se quedan tan anchos los médicos ingresándote una semana en reposo absoluto y con reposo absoluto me refiero a cuñar para hacer las necesidades. Creo que eso lo dice todo.

Lo primero que hacen es chutarte antibióticos porque en caso de haber fisura, se quiere evitar una posible infección dentro de la bolsa, así que estuve una semanita recibiendo dos dosis de distintos antibióticos los cuales aparte de hacerte que el pis huela a químico asqueroso, te hacen estar con un brazo estirado irremediablemente porque tienes una vía abierta. Es entonces cuando uno empieza a valorar cosas, cosas como poder doblar el brazo y dormir así encogidita, cosas como poderte lavar los dientes después de una comida, peinarte, ir al baño y hacer tus necesidades solita…y tantas otras cosas.

El reposo en el hospital duró poco, gracias a Dios, pero fue durísimo sobre todo por el hecho de no poder ver a mis dos hijos de casi 2 y 3 años. El no saber qué hacían, el no poder verles ni controlarles, ni achucharles ni dar el pecho al menor de ellos, me llenaba de angustia y pena profunda. Creo que eso fue realmente lo peor de esa semana. Entonces me vino el mazazo cuando la ginecóloga me dijo que por qué no le había dicho que estaba amamantando, que lo tenía que dejar inmediatamente porque eso provocaba contracciones y así sangraba más. Yo que había pedido un sacaleches eléctrico pues me encontraba en la planta de maternidad y estaba deseando sacarme leche para evitar que se me pusieran los pechos como piedras de no amamantar a mi peque y van y me dicen que no debo.

Casi me resultó más duro la sentencia de tener que destetar a mi hijo bruscamente que el reposo en sí, de verdad. Eran por entonces 20 meses de exitosa lactancia materna y romper el vínculo así de repente me parecía una crueldad para los dos. Hice la prueba hace unas semanas gracias a un viaje con mi marido, y  la reciente experiencia me demostro que no podía estar más de un día sin amamantar a mi hijo, por eso cuando me dijeron que lo dejara se me cayó una losa encima.

Pregunté a varias ginecólogas que visitaban allí y todas me decían lo mismo: que no podía dar de mamar estrictamente porque eso provocaba contracciones. No obstante, yo quise contar mi situación a la ginecóloga que me lleva los embarazos y que no tiene nada que ver con el hospital dónde yo estaba ingresada. Ella se sorprendió mucho y me dijo que no creía que tuviera una fisura por lo que yo le contaba y que aún así, que no veía el por qué tenía que dejar el pecho. Más sorprendida me quedé yo después de su respuesta pues mi ginecóloga no es súper pro-lactancia, es decir, la apoya y respeta mi LM “prolongada”, pero sin más. Así que viendo su reacción, quise pedir otra opinión a la doula que dirige el grupo de lactancia al que yo solía ir antes de mudarme de casa: “Mamimamo”. Ella comentó el caso con expertas y me dio la misma respuesta: que aun habiendo fisura no tenía por qué dejar de dar el pecho pues las contracciones no llegarían al final del útero ni afectarían al feto lo mínimo. Se abrió entonces una luz para mí y pensé en “rebelarme” por primera vez contra los médicos y hacer lo que me prohibían unas o dejaban hacer otras.

Es verdad que estuve 4 días sin dar el pecho porque mi hijo no me podía venir a ver cada día después del cole, pero lo curioso de hecho fue que mis pechos no se hincharon para nada ni me dio mastitis ni nada ( lo que me hubiera faltado en esos momentos!) ; sino que siguieron exactamente igual y cuando mi nene vino a verme, el mamó y tuvo leche. Un milagro de la naturaleza, no tengo otras palabras para describir la sabiduría del cuerpo.

Cuando me dieron finalmente, el alta, me fui a mi casa con el diagnóstico de una fisura supuestamente cerrada (normalmente en 7 día se cierran), pero con un gran hematoma en comparación con el tamaño del feto que precisaba reposo relativo un tiempo indefinido. Me fui de ese hospital dejando un peso que yacía sobre mis espaldas. Ahí quedaron los miedos de perder a mi hija (en una ecografía estando allí me confirmaron su sexo, lo cual fue una gran y grata sorpresa porque yo tengo dos hijos y deseaba una niña), de no saber si creer o no a los médicos, la humillación de que me lavaran dos enfermeras de arriba abajo cada día, el pagar 7 euros al día por ver la televisión para no morirme de aburrimiento al estar tumbada todo el santo día, los llantos de recién nacidos de la planta, las enfermeras entrando constantemente de día y noche para poner y quitarme cosas, la comida de plástico e insípida del hospital, la odiosa cuña…todo, ahí lo dejé y espero no tener que volver y si vuelvo, que sea porque he dado a luz en unos meses.

Me costó volver a andar, tenía hormigueos en los pies cada vez que me levantaba, me fatigaba al dar muchos pasos, pero agradecí tanto el notar la brisa en mi cara que me valió la pena y así me fui en coche hacia mi casa con mi marido y mis hijos más contenta que una perdiz.”