CUANDO EL DOLOR DUELE DE VERDAD

Alguna vez ya he dicho, que de dolor (del que a mí me atañe, del emocional) también se puede morir. Para la inconsciente no diferencia entre uno y otro, no entiende entre la literalidad y las metáforas. Tal y como un niño se sorprenda que digas cosas como que “te mueres de calor” y se lo toma al pie de la letra, así nuestro cerebro, no sabe si el corazón se te ha roto de verdad o te lo han partido con un abandono.

Y es que el dolor, el dolor intenso, el de verdad, sino te mata, te deja muerto.

Es como una mala tarde en el mar. Son las olas que te tiran cuando ya crees que estas saliendo y te hacen hincar la rodilla (a veces donde más piedras hay). Pero te vuelvas a levantar, magullada, vuelves a intentarlo.

Pero a veces, se encadenan, y caes, y te quedas bajo el agua sin poder salir. Y el dolor no te deja respirar. Cuando crees que pasa una ola e intentas sacar la cabeza otra te arrastra y te tumba. Y al dolor se une la angustia de no poder respirar, y no sabes si vas a morir de dolor, o si en realidad lo que deseas es que ocurra solo para dejar ya de pelear por sacar la cabeza.

Pero hay algo que en el ser humano prevalece por encima de todo y en casi todas las circunstancias: el instinto de supervivencia. El más básico y profundo, y que (aunque pueda parecer lo contrario) prevalece casi siempre.

Por eso seguimos luchando. Y aguantas sin saber cómo, hasta que finalmente puedes levantar la cabeza y coges una bocanada de aire y llenas los pulmones. Y levantas, y sigues. Y no sabes como pero logras llegar a la orilla. Agotado, exhausto, destrozado pero vivo. Y te dejas caer en la arena.

Poco a poco te recuperas. Tu respiración se regula. El dolor se calma y la vida sigue. Y no sabes ni cómo ni porque pero empiezas a encontrarte mejor.

Sabes que no es para siempre. Sabes que vas a volver a caer, y el dolor va a atacar de nuevo. Sabes que sufrirás una nueva crisis, pero, por lo menos ahora estas mejor. Aprovecha para coger aire.

Sea cual sea el motivo que te sume en el abismo, recuerda que no estás solo. Que todo el que ha sufrido alguna vez un dolor que mata sabe perfectamente por lo que estás pasando. Y que todo llega y todo pasa.

Solo debes recordar respirar, cada vez que las olas te den un respiro y puedas sacar la cabeza.